domingo, 13 de enero de 2013

Cap. 2 - La extraña mujer.

Todos y cada uno de los allí presentes estaba atónito e incluso asustado. Aquella mujer desconocida estaba calmada, algo que se le notaba en su mirada altiva.
- ¿Quién eres y qué quieres? - alcanzó a decir uno de los hombres armados intentando que no se notase su inseguridad y miedo.
- Deberías bajar esa arma, tú y todos, pues no os van a servir de nada contra mí - decía con tono sereno. Sin duda su voz era agradable y algunos de los allí presentes quedaron embobados al escucharla hablar -. No debéis temer por vuestra seguridad... Mientras no os pongáis en mi camino. Ahora dejadme paso, tengo asuntos que atender.
La mayoría de los guardias hicieron lo que ella dijo, salvo unos pocos que seguían apuntándola con sus armas.
- ¿Y por qué tendríamos que hacerte caso? ¿De dónde vienes tú?
El resto aprobó lo que este dijo asintiendo con la cabeza.
- ¿Que por qué deberíais hacerme caso...? - su tono de voz sonaba como si se hubiese sentido ofendida. Entrecerró levemente los ojos, mirando fijamente al pobre desdichado que le dijo aquello. Se acercó a él, y el movimiento de su cuerpo fue tan rápido que nadie tuvo tiempo de reaccionar mientras ella con la sola fuerza de uno de sus puños levantaba del suelo a aquel hombre golpeando su torso tan fuerte que todos los presentes pudieron oír cómo sus costillas se partían cual ramas secas mientras que por su boca se escapaba sangre y saliva. En seguida cayó al suelo bajo la fría mirada de la mujer -. Por esto.
Entre gritos de horror, algunos insultos, rezos y maldiciones empezaron a acribillarla con las balas las cuales fueron desperdiciadas, al rededor de su cuerpo había formado una gruesa capa de hielo que iba regenerándose tras cada bala que lo desgastaba. El sonido de las armas sin munición fue la manera en la que ella se dio cuenta de que podía deshacer esa barrera y así lo hizo.
- Os avisé de que no servía contra mí... Pero, aunque estaría encantada de mataros a cada uno de vosotros dandoos una muerte lenta y dolorosa por no hacerme el menor caso cuando os advertía por vuestro bien... Me marcho de aquí.
Sin más miramientos ni palabras salió de aquella sala observando aquel pasillo con detenimiento, casi hasta con nostalgia.
- No puede ser... ¿Cómo... Qué haces aquí? No puede ser... Pero si tú... - la voz de Sherry se podía oír a su derecha, a no más de veinte metros, por lo que giró la cabeza para mirar a la doctora.
- Vamos a tu despacho - dijo directamente mientras la miraba.
Después ambas fueron al despacho sin que nadie interrumpiese pues la doctora les dijo que podían retirarse, que no eran nada grave. Ambas entraron al despacho y la mujer se encargó de cerrar la puerta mientras Sherry se sentaba intentando callarse.
- Ya puedes preguntar lo que quieras - dijo apoyada en la puerta cruzando sus brazos.
- Tú no perteneces a este tiempo. ¿Qué haces aquí? - preguntó un poco alterada
- No pertenezco a ningún tiempo, puedo estar donde quiera - sentenció.
- ... - por un momento de quedó pensativa -. En eso tienes razón... Pero aquí hay otra "tú", y es peligroso alterarlo.
- Y es cierto, o quizás no lo es...
- ¿A qué te refieres? - la doctora no lo comprendía.
- Se supone que yo vengo del futuro, cuando en realidad actualmente soy de cualquier tiempo como creo que hasta ahí entiendes... - explicaba aquella mujer.
- Sí... Más o menos.
- Veamos... Yo tengo una edad muy elevada, pero a los diecinueve dejé... Digamos... De crecer, ¿hasta ahí?
- Sí, entonces estás insinuando que tu "yo" de aquí pertenece a un pasado muy lejano? - preguntó frunciendo un poco el ceño, no sabía si estaba equivocándose.
- Exactamente es eso. Pero hay otra posibilidad... - el tono de aquella mujer sonaba un poco preocupado, echó un vistazo rápido a toda la habitación y de alejó de la puerta para apoyar ambas manos en la mesa de la doctora mientras miraba a esta -. Que sea una impostora.
- Creo recordar que no recuperaste jamás todos tus poderes, así que eso tiene sentido - Sherry puso la mirada seria y cruzó sus brazos.
- Exacto... Nunca los recuperé, y ella tiene otros que yo no. Es eso lo que me ha llevado a pensar esto... ¿Tienes análisis de su sangre? - se incorporó retirando las manos de la mesa.
- Por desgracia no... Una vez que alguien de va a marchar de aquí nos deshacemos de sus expedientes y muestras...
- Mierda... - golpeó la pared que tenía al lado con el lado del puño sin siquiera agrietar la pared.
- Entonces, ¿qué hacemos? - preguntó la doctora.
- Tendré que infiltrarme en su entorno, sin que se sepa que soy yo pues si es mi "yo" del pasado que me viese sería un problema, y si es una impostora huirá de mi... O intentará matarme.
- Bueno, no supondrá ningún problema, tus disfraces siempre han sido impecables. Cualquier cosa que necesites estoy aquí, una vez que consigas la muestra de su sangre llámame - dijo levantándose de la silla.
- Necesitaré dinero, un apartamento y algún recipiente para meter la muestra.
- A ver... El cheque te lo firmo ahora mismo... - empezó a registrar en todos los cajones hasta que encontró la chequera, escribió una importante suma de dinero, lo firmó y se lo entregó -. Espero que eso sea suficiente.
- Para empezar sí, luego buscaré un trabajo y te lo devolveré.
- Descuida, tómate tu tiempo - cogió de una estantería una caja de pequeño tamaño y se la entregó -. Aquí podrás meter la muestra...
- Bien - dijo cogiendo la caja -. Ahora falta un apartamento.
- Eres capaz de pasar cada noche en la casa de un hombre diferente, ¿qué más te da no tener un apartamento? - dijo la doctora riéndose, a lo que la mujer también empezó a reír.
- En eso tienes razón - decía aún riéndose -. Buscaré a alguno para dormir y haré trabajos...
- ¿De mercenaria?
- Por supuesto, cualquier cosa... - cogió un bolígrafo y un papel, apuntó su número de teléfono y se lo entregó -. Llámame.
- Lo haré - contestó cogiendo el papel -. Adiós.
- Adiós - dijo acercándose a la puerta y abriendo esta, en la cual se encontró a Joule.
Ambos se miraron un instante, este creyó reconocerla pro frunció el ceño. Para su suerte no la había reconocido. Así pues se marchó de allí. Él entró en el despacho de Sherry mientras aquella mujer salía por la puerta principal de aquel edificio ya vuelto a la normalidad, sin medidas de seguridad.